Ourense, un martes de diciembre cualquiera. Hace frío, es de noche y es martes. La santísima trinidad de las excusas para quedarse en el sofá. Pero en el Café Cultural Auriense había cita con el underground parisino y eso es sagrado. Pythies venían a la ciudad de As Burgas y traían bajo el brazo una hoja de ruta de doce temas dispuesta a incendiar la Praza do Correxidor.
Con la sala mostrando esa cercanía que tanto nos gusta, donde el aliento del público se mezcla con el de la banda, el trío arrancó la noche con Trick. No hubo preámbulos innecesarios; desde el primer compás quedó claro que su «grunge brujo» venía cargado de distorsión y actitud.
Apenas habíamos entrado en calor cuando soltaron una de las joyas de la corona: Misandry. El público respondió al instante a ese himno sarcástico y pegadizo, confirmando que la conexión estaba establecida. Sin dejarnos respirar, encadenaron la visceral Animal Fucker, subiendo las revoluciones y demostrando la contundencia de Chloé a la batería y Lise al bajo.
La noche avanzó con Little B y Toy, temas donde la guitarra de Louise no sonó, pero su sustituto brilló igualmente y sentimos como cortaba el aire denso del local. Hubo un cambio de tercio hacia atmósferas más densas con Scared y esa adicción impía que es Unholy Addiction, manteniendo la tensión en el ambiente y demostrando que saben manejar los tiempos del directo, oscilando entre la furia punk y melodías más pesadas.
Uno de los momentos clave del setlist llegó con Victimized. En la hoja de ruta de la banda se podía leer a continuación una nota manuscrita: As You Should, que se tradujo en una interpretación llena de rabia y empoderamiento sobre el escenario.
Y entonces, las siglas mágicas: FTPA. O lo que es lo mismo, su ya mítica versión del Fuck The Pain Away de Peaches. Lejos de hacer un cover al uso, Pythies arrastraron el tema al fango del grunge, ensuciándolo y haciéndolo suyo, provocando el momento de mayor baile y desmadre de la noche.
Para cuando encararon la recta final con Dissociation, el Auriense ya estaba completamente entregado. El cierre definitivo llegó con Blondinette, un broche final perfecto, ruidoso y melódico, que nos dejó con ese zumbido en los oídos que es la mejor señal de un buen concierto de rock.
Salimos a la noche ourensana con la hoja del setlist en la memoria y la certeza de que Pythies han dejado marca en la ciudad. Si esto es lo que hacen un martes, no queremos imaginar de lo que son capaces un sábado por la noche.


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