Osa do Mar 2026: Corazón, distorsión y épica marina frente al diluvio en Burela

El mar del norte siempre guarda un as bajo la manga, y en la costa lucense la meteorología no entiende de treguas ni contemplaciones. El primer fin de semana de septiembre, del jueves 3 al domingo 6 de septiembre de 2026, la localidad de Burela volvió a acoger una de las citas con más personalidad y encanto del circuito alternativo peninsular: el festival Osa do Mar, impulsado con devoción infinita por la Asociación Cultural Fanto Fantini.

La inauguración oficial del jueves 3 de septiembre de 2026 arrancó en el enclave marinero del Barco Museo Reina del Carmen. En esta ocasión, por cuestiones de agenda y desplazamiento, en Live Love Indie no pudimos acudir a la jornada inaugural, aunque los ecos que nos llegaron de quienes estuvieron en el puerto no dejaron de ensalzar la sensibilidad vocal de Gara Durán y la electrónica de vanguardia de Anxo Ferreira acariciando la brisa marina.

Nuestro desembarco en tierras de A Mariña se materializó en la tarde del viernes 4 de septiembre de 2026, con las baterías de las cámaras cargadas y muchas ganas de música. El ambiente en el recinto principal no tardó en caldearse con la frescura urbana de West SRK, que sirvió de antesala perfecta para recibir la maestría de Depedro. La elegancia del artista madrileño, desgranando canciones como Nubes de papel con ese toque fronterizo tan orgánico, congregó a una multitud entregada que coreó cada acorde. Poco después, Eris Mackenzie nos deleitaba con su particular propuesta en la que fusiona electrónica de vanguardia con elementos de la tradición gallega. El artista combina electrónica, minimal-techno o hardstyle con alalás, jotas y melodías populares para construir un sonido propio característico. No conocía su música y debo decir que me tuvo encandilado desde la primera nota al último verso. 

Con el público completamente encendido, saltaron a las tablas The Rapants. Los de Muros convirtieron la pista en un auténtico polvorín de fiesta; temas irresistibles de su último disco «Rapants Club» desataron un baile generalizado donde nadie se quedó quieto al escuchar la infalible La Favorita. Sin dar tregua al cansancio, la energía arrolladora y descarada de Éxtasis tomó el relevo con riffs pegadizos, dando paso entrada la madrugada a las texturas envolventes de La Milagrosa que para mí fueron la revelación de la noche; uno de los grupos que más ganas tenía de ver en directo y desde luego superaron mis expectativas, que no eran pocas. Acabamos la primera jornada con una sesión incendiaria de Señora DJ, quien nos mantuvo saltando hasta el límite de las fuerzas antes de retirarnos a reponer energías.

El sábado 5 de septiembre de 2026 amaneció con el pulso festivo latiendo con fuerza. Al mediodía, la Praza do Concello se convirtió en una fiesta colectiva con el cruce de ritmos de Kornucopia vs Pandeireteiros do Inferno, seguido del torbellino de Ortiga, quien montó una verbena contemporánea a base de ritmos verbeneros y tropicales mezclados con sintetizadores, poniendo a bailar a la plaza con temas como A nos verbena. Entre conciertos pudimos disfrutar de los videoclips que participaron en el concurso Pantallas Sonoras y pudimos ver la entrega de los premios en directo.

A primera hora de la tarde, la música regresó al Barco Museo Reina del Carmen con el ciclo vespertino. Con la marea de fondo, pudimos capturar bellas postales junto al casco del barco mientras sonaban las propuestas acústicas de Xosé Maseda, que nos sorprendió con las colaboraciones de Alddara y Willow GHZ, la identidad de Arume y el sonido guitarrero noventero de Portosanto, la última propuesta del archiconocido en Burela, Nuno de Grande Amore.

Al caer la noche, las peores previsiones meteorológicas se descargaron sin piedad sobre el recinto principal. Un diluvio feroz y repentino barrió la costa con rachas de viento y una monumental tromba de agua. A pesar del esfuerzo titánico de operarios y técnicos, el agua encontró su camino y empapó buena parte del equipo de sonido, la iluminación y el cableado. La incertidumbre sobrevoló las cabezas de los asistentes mientras el equipo de producción se dejaba la piel secando conexiones y reconfigurando el escenario a contrarreloj. El temporal obligó a retrasar toda la programación nocturna y cobró un peaje doloroso: Juventude no pudo ofrecer su concierto íntegro debido al parón forzoso para asegurar los equipos.

Lejos de hundir el ánimo, el festival sacó a relucir su gen más combativo. Las encargadas de devolver la electricidad fueron Fillas de Cassandra, quienes desafiaron a la humedad con su arrolladora fusión de lírica tradicional y percusión electrónica. Poco después, la vitalidad contagiosa de Ginebras tomó el control para transformar el frío en una auténtica fiesta de estribillos adictivos, haciendo saltar al público empapado al son de La Típica Canción y cortes redondos de su álbum «Donde nada es para tanto».

Entrada la madrugada, llegó el turno del dúo murciano RATA. Con un formato crudo y visceral, salieron a morder el escenario presentando las composiciones de su disco «NO ME QUIERO MORIR NUNCA» y desatando una oleada de pogos salvajes sobre el asfalto mojado. Fue en los compases finales de su actuación cuando se vivió el instante más emocionante y mágico de toda la noche: los chicos de Juventude subieron al escenario invitados por la banda para cantar juntos la última canción del concierto. Un abrazo colectivo entre guitarras distorsionadas, micrófonos compartidos a grito pelado y una comunión total con el público que borró de un plumazo la frustración de la tormenta. Una lección incontestable de compañerismo festivalero.

La recta final de la noche mantuvo la mecha encendida gracias a la inyección rockera de Sobrezero y la habitual sesión desenfadada de Grande Osso, quienes hicieron bailar a los más resistentes hasta altas horas.

La jornada de clausura del domingo 6 de septiembre de 2026 estuvo reservada a los nuevos talentos matinales en la Praza do Concello, con las bandas de la cantera como Colectivo Os Castros, Blood Skeleton, Arumiños. School of Rock y Milicrocas. Lamentablemente, no pudimos quedarnos a vivir este cierre dominical por tener que emprender el viaje de vuelta, pero nos marchamos de Burela con las tarjetas de memoria repletas de sonrisas empapadas y la certeza de que el espíritu indomable del Osa do Mar es capaz de vencer a cualquier tempestad.

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