Voces Femeninas 2025: Un viaje sonoro desde la raíz gallega hasta el folk británico, pasando por la jota aragonesa

El pasado viernes 28 de noviembre, el Teatro Principal de Ourense volvió a vestirse de gala para acoger la 18.ª edición del ciclo Voces Femeninas. En una noche donde el frío ya se hacía notar en las calles de la ciudad de As Burgas, el interior del teatro se convirtió en un refugio de calidez y talento, demostrando una vez más por qué este ciclo es una cita ineludible en el calendario cultural.

Raposa: La delicadeza para romper el hielo

Los encargados de inaugurar la velada fueron Raposa, el dúo formado por la cantante María Villanueva y el guitarrista Rubén Abad, acompañados por la violinista Elena Vázquez. Lejos de intimidarse por la responsabilidad de abrir el escenario, nos regalaron una actuación sublime basada en la sencillez y la emoción pura.

Presentando los temas de su trabajo «Un Amor», Raposa tejió una atmósfera íntima desde el primer acorde. La voz de Villanueva, llena de matices, nos guió por paisajes sonoros que parecían no tener fronteras, arropada a la perfección con los arreglos de Rubén y la sonoridad de Elena, llevándonos de la mano por un repertorio que bebe del folk, el jazz e incluso la música clásica. Fue un inicio de jornada exquisito, una masterclass de cómo «menos es más» cuando hay talento a raudales.

Fue una delicia escuchar cómo incorporan influencias de la canción protesta y las músicas del mundo con una naturalidad pasmosa. El público ourensano, siempre respetuoso y entendido, supo premiar con ovaciones la riqueza instrumental y la sensibilidad de una propuesta que se sintió como un abrazo en medio de la noche.

Laaza: Tradición y vanguardia en el ecuador de la noche

Tras la calma de Raposa, llegó el turno de agitar un poco las aguas con Laaza. El proyecto de la barcelonesa Laura Aznar tomó el relevo para presentarnos su álbum «Canciones para Olvidarte», además de algunos de sus últimos sencillos.

Su propuesta fue un soplo de aire fresco que contrastó maravillosamente con el inicio de la noche. Laaza demostró que la tradición y la modernidad no están reñidas, fusionando letras a medio camino entre el folclore y la crítica social, acompañada unicamente de los ritmos de una guitarra en esta ocasión, pero siempre con un pie anclado en la raíz, lanzando guiños a la jota que resonaron con fuerza en el patio de butacas. Sus «baladas confesionales»  interpretadas con una honestidad que desarma. Momentos de intimidad absoluta donde su voz se entrelazaba con bases sutiles, creando una atmósfera de bedroom pop, que resonaron con fuerza en el Teatro Principal, logrando conectar con un público que se dejó llevar por esa mezcla de nostalgia y vanguardia tan característica de su sonido.

Katherine Priddy: El broche de oro internacional

Para cerrar esta noche mágica, el escenario recibió a la británica Katherine Priddy. Considerada una de las joyas actuales del folk en el Reino Unido, Priddy demostró que las expectativas estaban más que justificadas.

Con su guitarra y una voz cristalina que parece detener el tiempo, desgranó las canciones de su aclamado disco «The Pendulum Swing». Su actuación fue magnética, evocando a las grandes damas del folk de los 70 pero con una impronta personal innegable. Canciones que hablan del hogar, de la memoria y del paso del tiempo llenaron cada rincón del Teatro Principal, demostrando por qué ha alcanzado el número 1 en las listas de folk del Reino Unido.

Fue el cierre perfecto para un Voces Femeninas 2025 que, en su mayoría de edad, sigue demostrando que es un festival necesario. Salimos del teatro con la sensación de haber asistido a algo especial, una de esas noches en las que la música no solo se escucha, sino que se siente.

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