Dezaseteº Ribeira Sacra 2026: Diez años de magia, viñedos y acordes eternos

El aroma a uva, el viento templado acariciando los cañones del río Sil y una banda sonora impecable para celebrar una efeméride muy especial. La décima edición del festival Dezaseteº Ribeira Sacra  se desplegó con todo su esplendor durante los días 24, 25 y 26 de julio de 2026, consolidando este rincón indómito de Galicia como el secreto mejor guardado de la temporada estival. Desde Live Love Indie nos sumergimos en una experiencia sensorial donde la masificación no existe y la música se funde de forma orgánica con los viñedos.

Viernes 24 de julio: El renacer de la raíz y el baile entre barricas

La jornada inaugural del viernes 24 de julio arrancó flotando en las aguas del cañón, donde los afortunados asistentes a los icónicos Momentos Alhambra pudieron disfrutar a bordo del catamarán de un directo íntimo y sobrecogedor, preludio ideal del grueso de la tarde. Al caer el sol, el epicentro se trasladó a las espectaculares e imponentes Bodegas Regina Viarum, situadas en el municipio de Sober. El anfiteatro natural de viñedos verticales nos dio la bienvenida con una luz anaranjada de ensueño.

Los encargados de abrir los directos en el escenario principal fueron Mariagrep & Mundo Prestigio. Su propuesta rompió el hielo con una frescura arrolladora, entrelazando las texturas de la escena urbana contemporánea con ritmos electrónicos sofisticados que hicieron mover los primeros pies de la tarde. Poco después, con el cielo tiñéndose de violeta, la delicadeza tomó el control absoluto de la mano de Anni B Sweet. Su voz magnética flotó sobre el cañón en una perfecta comunión acústica y psicodélica, repasando temas de su aclamado disco «Universo por estrenar» y regalándonos pasajes de puro escapismo pop como su célebre e hipnótica canción Buen Viaje.

El clímax de la primera noche llegó en plena oscuridad con el directo salvaje de Baiuca. El proyecto capitaneado por Alejandro Guillán desató una auténtica foliada del siglo veintiuno, donde las panderetas tradicionales y el folclore gallego colisionaron de forma magistral con sintetizadores y ritmos techno de vanguardia. Las colinas de las bodegas vibraron con una intensidad sobrehumana mientras sonaban los acordes de su mística música, cerrando un inicio de festival verdaderamente memorable.

Entre concierto y concierto pudimos disfrutar alternativamente de diferentes DJ: los ritmos enérgicos de Tristón DJ, la melancolía de Pablo Valle y la siempre acertada propuesta de mis incondicionales Isaac Pedrouzo y Paula Rivera que forman el conjunto Rivouzo DJ’s.

Sábado 25 de julio: De la liturgia garajera a la elegancia internacional

El sábado 25 de julio amaneció radiante, ideal para recorrer las laderas escarpadas. A plena luz del día, el festival nos citó en un marco incomparable: el histórico Santuario de Nosa Señora de Cadeiras. En este espacio de acceso libre y rodeado de robles centenarios, el sosiego se transformó en pura adrenalina con la irrupción de Los Invaders. La banda valenciana sacudió el mediodía con su autodenominado «rock espacial bailable», desatando pogos improvisados bajo los árboles gracias a una actitud gamberra que dejó el listón a una altura estratosférica antes de dar paso a las animadas sesiones de los selectores musicales que amenizaron el almuerzo.

Antes de volver al recinto principal pudimos disfrutar de una de las experiencias únicas que nos ofrece este festival tan especial. En concreto pudimos embarcarnos en el catamarán y disfrutar de una sesión en directo de Paula Rivera una de las integrantes de Rivouzo DJ’s. La experiencia fue mágica, algo que sin duda estamos deseando repetir en próximas ediciones y que recomendamos a todo el mundo. Acompañados de una copa de vino de las propias Bodegas Regina Viarum y navegando entre los escarpados acantilados que marcan el camino que deben seguir las aguas del río Sil mientras disfrutamos de la maravillosa música que pincha Paula. ¿Qué más se puede pedir?

Al caer la tarde, regresamos con paso firme a las Bodegas Regina Viarum para vivir el plato fuerte del décimo aniversario. La apertura de las puertas dio paso a la gran joya internacional de esta edición: The Divine Comedy. El elegante proyecto liderado por el virtuoso Neil Hannon ofreció una lección magistral de pop orquestal barroco e ingenio británico. En una de sus escasísimas apariciones en nuestro país, el norirlandés derrochó carisma atemporal y humor, deleitando a la multitud con las deliciosas melodías de su clásico e inmortal himno National Express.

Poco después, la contundencia de las guitarras regresó con el enérgico pase de los asturianos Puño Dragón. Su directo demostró una solidez incontestable, hilando estribillos directos que engancharon de inmediato a la marea indie, cómo nos han enganchado a nosotros, que ya hemos perdido la cuenta de cuántas veces los hemos visto en lo que va de año. La medianoche quedó reservada para la celebración definitiva y el desparpajo de los infalibles Sidonie. Los de Barcelona saltaron a las tablas dispuestos a incendiar el escenario y lo lograron desde los primeros acordes de su bailable repertorio, obligando al público a dejarse la garganta con la mítica Carreteras Infinitas y cortes de su último álbum de estudio «Catalan Grafitti», rubricando un sábado antológico de pura comunión musical.

Domingo 26 de julio: Calma psicodélica y el adiós en Chantada

El broche de oro de esta décima edición del festival se trasladó el domingo 26 de julio hacia el interior, recalando en la acogedora villa de Chantada. A la hora del vermú, la preciosa Praza do Cantón se convirtió en el refugio perfecto para despedir tres jornadas inolvidables sin ningún tipo de agobios.

El concierto de clausura corrió a cargo de los sevillanos Vera Fauna. Su indie-pop luminoso, empapado de psicodelia mediterránea y costumbrismo andaluz, se fusionó a la perfección con la brisa del mediodía. Sus acordes pausados funcionaron como el bálsamo ideal para calmar los pies cansados de los festivaleros, despidiéndo con la calidez de canciones redondas que evocan los días largos de verano. Una posterior sesión de ritmos bailables en los platos prolongó las últimas sonrisas antes del cierre definitivo de las puertas.

En conclusión, el Dezaseteº Ribeira Sacra 2026 ha demostrado en su décimo aniversario por qué ostenta el reconocimiento de ser uno de los mejores festivales de pequeño formato de toda la península ibérica. Una propuesta impecable, respetuosa con el paisaje milenario de Galicia y plagada de momentos irrepetibles. Nos marchamos con la cámara llena de postales sonoras memorables y contando ya las semanas para volver a perdernos entre sus viñedos el próximo año. ¡Larga vida a la magia de la Ribeira Sacra!

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